Contexto
El proyecto se localiza en el sector denominado Cajón de los Arenales, ubicado en el departamento de Tunuyán, provincia de Mendoza, específicamente dentro de los límites de la Reserva Provincial Manzano Portillo de Piuquenes. Esta área es reconocida como un paso estratégico histórico, siendo la vía de acceso empleada por exploradores siguiendo rutas de comunidades indígenas como puelches y araucanos. La Fundación Piedra Libre, proponente del proyecto, surge con la misión de administrar este espacio para garantizar el derecho natural de libre acceso a la recreación en contacto con la naturaleza. Históricamente, el sitio ha sido un núcleo para escaladores locales y extranjeros, pero en años recientes ha experimentado un incremento masivo de turistas de trekking y visitantes por el día que carecen de información sobre gestión de residuos y cuidados ambientales de montaña. El proyecto abarca un área de gran valor biológico, físico y cultural, integrando acciones de gestión ambiental para mitigar impactos antrópicos en un centro de montaña que recibe a más de 4000 visitantes por temporada.
Descripción Técnica
La intervención se estructura en cuatro componentes técnicos diseñados para ordenar el territorio en una superficie total de aproximadamente 1,5 a 2 hectáreas. El Componente I (Área de Servicios Básicos) incluye el acondicionamiento de un estacionamiento para 30 vehículos (4000 m2), la relocalización de 40 terrazas de acampe (10000 m2) y el montaje de un refugio modular compuesto por tres contenedores marítimos de 5,5 m x 2,75 m cada uno, montados sobre pilares de hormigón para minimizar el contacto con el suelo. El Componente II se centra en la señalética refractaria y cartelería informativa sobre senderos principales, buscando reducir la pérdida de visitantes y facilitar rescates nocturnos. El Componente III (Gestión de Efluentes y Residuos) propone la instalación de tres baños secos tipo letrina abonera de madera, cuyos desechos serán trasladados a Manzano Histórico para compostaje agrícola. El refugio contará con un sistema de tratamiento de aguas grises mediante filtros de arena, carbón y gravas. El Componente IV aborda la restauración del paisaje, clausurando zonas degradadas y eliminando pasivos ambientales identificados.
Medio Físico
El proyecto se sitúa en una franja altitudinal entre los 2500 y 4126 msnm, con un relieve de quebradas profusamente disectado por cauces permanentes en el flanco oriental de la Cordillera Frontal. El clima se clasifica en tres zonas: desértica, semidesértica y polar de tundra, con un límite inferior geocriogénico a los 3200 msnm donde se observa permafrost y glaciares de escombros. La geología regional está dominada por el Grupo Choiyoi (Pérmico-Triásico), compuesto por sucesiones volcánicas bimodales y afloramientos de granito con tonalidades blancas y rosadas. La hidrología superficial es vital, destacándose el Arroyo Grande y el Arroyo Arenales, los cuales mantienen caudales importantes durante todo el año y actúan como fuentes de provisión de agua no potable para el refugio. Los suelos son conglomerados de textura gruesa, arenosos y altamente permeables, con escasa materia orgánica y alta sensibilidad a la erosión hídrica y antrópica. Se ha identificado riesgo de procesos de remoción en masa debido a la inclinación de las laderas y la degradación del permafrost.
Biodiversidad
El Cajón de los Arenales se inserta en un ecotono entre las provincias fitogeográficas de Prepuna, Monte y Altos Andes. La vegetación dominante es el matorral de Adesmia pinifolia, acompañado por especies como Berberis empetrifolia y Poa holciformis. Un elemento crítico de biodiversidad son las vegas o mallines, humedales de altura que funcionan como oasis para la fauna nativa y reservorios de agua, pero que actualmente sufren degradación por el acampe desordenado. La fauna emblemática incluye al Cóndor Andino (Vultur gryphus), con dormideros registrados en la Quebrada de Los Oscuros, y al Pato del Torrente (Merganetta armata) en las cuencas del Arroyo Grande. También se destaca la presencia del Chinchillón (Lagidium viscaccia), el Lagarto cola de piche (Phymaturus palluma) —especie holotipo descubierta por Darwin— y micromamíferos como Akodon andinus. El área funciona como un corredor biológico esencial para poblaciones de pumas, zorros y guanacos que se desplazan entre reservas naturales colindantes.
Plan de Gestión
El Plan de Gestión Ambiental (PGA) incluye siete medidas de mitigación principales operadas por un equipo interdisciplinario. Entre las acciones destacan: 1) Minimizización de emisiones y ruidos mediante el control previo de maquinaria; 2) Preservación de la calidad del agua evitando acopios en zonas de escurrimiento y utilizando jabones biodegradables; 3) Protección de suelos congelados instalando infraestructura sobre pilotes para no alterar la temperatura intersticial del permafrost. El programa de restauración contempla la clausura de 6 km de sendas secundarias para reducir la fragmentación de hábitats y facilitar la regeneración de flora autóctona. Se establece una gestión estricta de residuos sólidos clasificados por colores (negro, amarillo, rojo), prohibiendo expresamente la quema de materiales y el uso de vegetación nativa como leña. El plan de seguridad incluye protocolos ante eventos de remoción en masa y capacitación del personal en higiene y seguridad laboral en ambientes de alta montaña.
Conclusión
La implementación de la Unidad de Servicios Básicos en el Cajón de los Arenales representa una solución necesaria ante el pasivo ambiental generado por décadas de uso público no regulado. El proyecto logra un equilibrio entre la conservación de un ecosistema periglaciar frágil y la demanda deportiva de escalada y trekking, integrando infraestructura de bajo impacto visual y funcional. Los beneficios principales radican en la recuperación de áreas de vegas degradadas, la gestión científica de efluentes humanos y la educación del visitante, transformando un sitio de presión antrópica en un modelo de turismo sustentable dentro del Sistema de Áreas Naturales Protegidas de Mendoza. La supervisión participativa entre la Fundación, el Estado e instituciones de investigación garantiza la adaptabilidad de las medidas ambientales a largo plazo.